09 des.

(C) Sobre la utopía y la ignorancia

Desde que leí a Baudolino, cada vez que alguien me llama utópica, pienso en lo tercas y ciegas que me resultan algunas personas…Esas a quien quiero lejos porque todo se pega menos la hermosura…Como no hay peor ciego que el que no quiere ver, l@s que ajusten las velas, sean bienvenid@s a bordo.

 
Soy la personificación viviente y parlante de la erótica del fracaso, vivo en la ciudad más paradójica del mundo y escribo para reírme de mi propia desgracia porque, como dijo Oscar Wilde: “La vida es algo demasiado importante como para hablar con seriedad de ella“. 

No sé mucho de reencarnaciones pero a veces siento que pudiera ser Casandra: parezco condenada a navegar en un mar de paradojas y tormentos, a caballo entre la pasión y el desencanto, entre la belleza y el olvido, entre la utopía y la ignorancia

Cuando llevaba dos años trabajando en el Barcelona Bus Turístic me di cuenta de que, cuanto más vemos algo, más invisible lo hacemos. Nuestro cerebro no necesita información repetitiva: si ves un monumento 3 veces al día acabas por no mirarlo más porque tu cerebro ya sabe que está allí y no necesita hacer hincapié en ello…Y así, borramos de nuestras mentes el arte público de la ciudad. Paradójicamente, cuanto más vemos algo, más invisible lo hacemos porque deja de ser una información relevante para la supervivencia del individuo y conforma un elemento espacial inamovible en el que no nos fijamos porque no somos realmente conscientes de su dimensión más allá del embelesamiento de su envoltorio


Así pues, comprobé lo poco que sabíamos del arte público los trabajadores del bus turístico y me puse manos a la obra: les iba a escribir un libro a mis compañeros de trabajo para hacerles su día a día más amenoYo quería regalarles a mis compañeros de trabajo el libro que les había escrito y miré autoediciones, pero no tenía suficiente dinero…así que decidí contactar a la directora de Productos Turísticos de Turismo de Barcelona y, tres meses después, accedió a recibirme a mí y a mi editor, que conseguí uno…

Le pregunté si tenían regalo para Navidad 2013 (era marzo) y me dijo que no. Le propuse el libro como regalo de Navidad…Así, yo ponía el contenido y no tenía que poner el dinero, ellos pagaban parte de la edición comprando algunos ejemplares y se los regalaban a los trabajadores para Navidad. Y así, de alguna manera, conseguía mi plan: regalarles el libro a mis compañeros sin tener el dinero para ello. 

El editor tenía los números, yo la pasión: el plan era noble y tenía que ser infalible. Había pasado tejiendo un clip de 1 minuto durante las últimas 60 horas. Una de las noches la pasé en vela: mi ordenador era viejito y no soportaba el software de edición, así que perdí el montaje dos o tres veces…Tardé unas 60 horas para tejer poco más de un minuto que no sirvió de nada, solo para insultar, sin querer, a la directiva en cuestión. 

Una vez reunidos los tres en una pequeña sala, pedí un reproductor para introducir mi discurso con el clip que había confeccionado. Como quería ser un poco comercial porque Turismo es una empresa de corte tradicional, puse el clásico de Mansell de fondo…Sé que está ya muy desgastado pero era para hacerlo todo un poco “más familiar”… 

Total, que puse el clip, donde salen 12 monumentos emblemáticos tan bellos como quizás olvidados…Desde luego, por la directora en cuestión: le pregunté cuántos había reconocido y me respondió: “Ninguno“. Sin duda, debió ser falta de voluntad…algunos de ellos están en la plaza de España y la de Cataluña…

Fuera lo que fuese, cuando me dijo que no había reconocido ninguno, me rompió todos los esquemas…Y aferrándome al discurso socrático, solo se me ocurrió decir: “Bueno…pues está bien empezar por reconocer la propia ignorancia….



No era mi intención pero quedé aún peor, lo vi en su expresión. Pero yo apelaba a Sócrates…¿por qué de Sócrates ya casi no se acuerda nadie? Es un problema…Luego la gente no me entiende cuando hablo de la ignorancia como virtud del conocimiento…Así que intenté salvar lo que pareció -sin querer- un insulto, diciendo de nuevo muy socráticamente: “Porqué todos somos ignorantes pero ignoramos cosas diferentes“. Creo que no le caí bien pero, luego, creo que le caí peor… 

Pregunté si se hacía algo para el 130 aniversario de Colón. Me dijo que no sabía que era su aniversario y que el Ayuntamiento no tenía nada previsto. Pensé que era una lástima no hacer nada…pero algo hicieron este año en el monumento…Taparon las esculturas con publicidad y pusieron una camiseta al navegante, que allí hondeaba desconcertado, como perdiendo el rumbo…

Pero empecé mi discurso ilustrando la belleza y el olvido en las esculturas del clip de presentación. Le hablé de la profunda belleza del arte público y de cómo los visitantes sienten por él pasión y los ciudadanos, desencanto. Y de como veía en los monumentos un eje de cohesión entre estas dos realidades dispares…Y, al final, solté las tres letras mágicas y me creí Alí Babá abriendo cuevas porque realmente pensaba que esa sería la guinda de mi pastel…
Y pronuncié: RSC

Después de un incómodo silencio y una sospechosísima apertura ocular que denotaba cierto desconcierto, comprobé, atónita, que la directora de Productos Turísticos de Turismo de Barcelona, no tenía ni idea de lo que le estaba hablando…

Le dije que eran las siglas de Responsabilidad Social Corporativa y le expliqué llanamente que la RSC apela a romper con el modelo tradicional de empresa y promueve una Empresa 2.0 que fomenta la participación, la cooperación, la transparencia, el mecenaje y la filantropía. Después de insistir en el tema de la cooperación, el mecenaje, el valor añadido del “producto” y la reputación de la empresa, la señora directiva me dijo que todo eso era muy bonito pero que era una utópica. Y me quedé sin guinda y sin pastel…

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