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(B) Sobre la Belleza y el Olvido


Cuando llevaba dos años trabajando en el Barcelona Bus Turístic me di cuenta de que, cuánto más vemos algo, más invisible lo hacemos. Nuestro cerebro no necesita información repetitiva: si ves un monumento 3 veces al día acabas por no fijarte más porque tu cerebro ya sabe que está allí y no necesita hacer hincapié en ello…Y así, como una papelera o la placa con el nombre de una calle, borramos de nuestras mentes el arte público de nuestra ciudad
Y esto simplemente sucede porque un elemento espacial inamovible como es un monumento, no es una información relevante para la supervivencia del individuo. Pero algunos, escapando del hechizo del cerebro reptiliano, toman consciencia de las cosas -sean papeleras o monumentos- y ven más allá del embelesamiento primigenio de su bonito envoltorio…
Yo he sido víctima de esta irritante y curiosa paradoja: trabajaba en el bus turístico y me di cuenta que los monumentos de Barcelona, allí cubiertos de polvo de olvido y heces, imploraban ser escuchados. Me acerqué a ellos cautelosa y escuché que murmuraban quejumbrosos. 

Pero puedo decir que cuentan historias asombrosas porque, sin querer, con los años, había aprendido el mismo lenguaje con el que fueron creados: la iconografía, el lenguaje de todo lo imaginable, un lenguaje que hace al arte inteligible. Hay cosas que, a veces, no parece que estén relacionadas pero lo están: simplemente hay lenguajes que se dominan con el paso del tiempo, hablándolos, pensándolos y compartiéndolos. Y el lenguaje del arte es el lenguaje del paso del tiempo…

Esta fuente que aquí veis todavía está por la ciudad…No dibujo muy bien así que quizás no le hago justicia…Es tan grande y protectora que impidió a los soldados instalar toda la artillería a descargar sobre la Vila de Gràcia: algunos no tenían dinero para salvarse de ir a combatir por una guerra que no era suya…y, como es habitual en la historia de la ciudad, los de Gracia se rebelaron, sucumbieron y la fuente fue puesta en un lugar donde no molestara…

Si por algo son peligrosos los artistas es porque hablan un lenguaje que tiene propia dimensión y a veces, a priori, es ininteligible: la ironía y la sátira, por ejemplo, colaboran con el arte y juntos han cruzado numerosos umbrales de censura. Y una vez traspasados, las obras llegan a la gloria, al no-olvido que es la memoria, una especie de felicidad de ultratumba…del más allá…por lo que la memoria sería más importante aún que la felicidad…

Las cosas, en general, están en un lugar por algún motivo y suelen ejercer las funciones que le son propias: según qué representaciones precisan de una lectura más profunda, más analítica por descomposición de sus partes; el conocimiento de cierta información y un esfuerzo mayor de pensamiento crítico para ser bien comprendidas: como las mieles de la ironía. 

Yo encuentro exquisita la ironía porque difiere y matiza la literalidad y es un diálogo intelectual deliciosamente recompensante. Adoro las ironías y de las últimas que he leído, algunas de @acaradeperro son muy graciosas. Mofándose de la fastuosa boda india en Barcelona, soltaba por ejemplo: 


Después de dos años y unas 1400 vueltas por la ciudad, me di cuenta que no era la única que había invisibilizado el arte público de la ciudad. Con lo cual, me percaté de lo poco sabía de los monumentos de BarcelonaMis compañeros del turístico sabían tan poco como yo. Para comprobarlo, les hice un experimento en forma de juego para profundizar en la magia de la inercia.

Viendo pues que nadie miraba nada, empecé a rastrear libros polvorientos y contaba las anécdotas sobre los monumentos a mis compañeros. Pero al final, como me gusta mucho escribir y siempre voy haciendo resúmenes de lo que leo porque no me puedo acordar de todo, decidí escribir lo que iba aprendiendo y los apuntes acabaron siendo de 160 páginas…Lo estructuré en tres partes y lo visualicé como un librito para regalar a los compis del bus: 

1. Una panorámica de la historia del arte urbano de la ciudad.
2. Un paseo iconográfico narrado cronológicamente que se extiende desde la era íbero-romana hasta la Exposición Internacional de 1929.
3. Una degustación final que completa el anterior recorrido pero se dispone siguiendo las dos principales rutas del bus (para amenizar la jornada a los compis). Allí encontraremos perlas del porciolismo y de la ferviente modernidad de la Barcelona de la “transición”. 

El librito nació de un mar de paradojas y, como la vida misma, ha sido tejido con hilos de belleza y olvido… Como se lo quería regalar a mis compañeros pero no tenía el dinero, lo propuse a la dirección de Turismo de Barcelona como regalo de Navidad para los trabajadores de turístico. Después de tres meses persiguiéndoles y encontrar editor, conseguí una entrevista que no olvidaré jamás


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