06 Jul

Una historia cultural del humor (VII)

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BREMMER, J., ROODENBURG, H.: Una historia cultural del humor.

Textos de Peter Burke; Aaron Gurevich; Jacques Le Goff. Ediciones Sequitur 9788495363015

La conversación amena: urbanidad y jocosidad en la Holanda del siglo XVII por Herman Roodenburg (pg.117)

Las claves de la comicidad de Jan Steen. Estrategias y funciones de la pintura cómica en el siglo XVII por Mariët Westermann (pg.139)

Demanda Holanda de libros humorísticos. Desconocemos autores y recopiladores.

Consumidores intelectuales.

Manuscritos de uso privado. Sobreviven: el documento escrito por Samuel van Huls el Viejo, concejal de La Haya y la obra de van Overbeke que coinciden. Nos centraremos en la figura de van Overbeke, en su proceder y su contexto así como sus oyentes y ocasiones en que se contaban sus chistes.

Aernout van Overbeke (1632-74), abogado, cronista y humorista, violinista.

Los 84 barquillos.

Recopilación con unos 2500 chistes y anécdotas: Anécdota sive historiae jocosae. Varios tipos de humor y en diferentes idiomas.

De familia acomodada e intelectual, mecenas y coleccionista. Muere el padre, deudas, venta cuadros. Abogado, manirroto contrae muchas deudas y huye a Yakarta en buena posición en el tribunal superior de las Indias Orientales Holandesas cuatro años. Regresa convertido en un héroe nacional.

La conversación amena

El arte de contar chistes era, no obstante, elemento integral del arte de conversar, de la acción comunicativa de las clases superiores. Se esperaba de la gente educada que supiera no ya solo entablar conversación, sino ser ingeniosa y divertida, una virtud sobre la que insistían los paladines de la urbanidad.

“Una recopilación de anécdotas y máximas es para un hombre de mundo el tesoro más preciado, cuando sabe cómo sembrar las primeras en los lugares apropiados de la conversación y recordar las últimas en los momentos oportunos”. Goethe

Las bromas deben ser espontáneas y brotar en la conversación. Incluso los comentarios de Quintiliano sobre la risa servían para estos ejercicios de sociabilidad. Pero a finales del XVII los géneros se separan y la elite fue alejándose de la recreación humorística.

Melancolía, intelectuales y cultura cómica

Los libros de humor también se leían en silencio. Pero el aburrimiento también podía combatirse en sociedad. La conversación y la buena compañía también podían disipar la melancolía. Se excusa a Rabelais en ser grosero por ser de otra época y a finales del XVII, cuando el modelo de sociabilidad empezó a converger con el modelo estético, se desprecia esa libertad rabelaisiana. Influidas por los códigos de urbanidad, la elite dejó de disfrutar de la baja comedia con toda su corporeidad. Los géneros no volvieron a mezclarse. La elite fue alejándose no tanto de la cultura popular como de la recreación humorística que esa misma elite había hecho de esa cultura o de lo que tenía como tal.

Las claves de la comicidad de Jan Steen. Estrategias y funciones de la pintura cómica en el siglo XVII por Mariët Westermann (pg.139)

Igual que Rembrandt, Steen solía pintar autorretratos con diversas apariencias pero Steen se representaba divertido y no serio y ofrece muchas posibilidades para estudiar el género cómico en la pintura. Otros referentes son Adriaen van de Venne, Andriaen Brouwer y Judith Leyster. Su primer biógrafo fue Arnold Houbraken y fue discípulo de Jan van Goyen. Se casa con la hija de este y arruina la compañía cervecera de su padre.

En los Países Bajos, los teóricos de lo cómico se basaron en las poéticas clásicas y renacentista para determinar qué temas convenían al género de la comedia y qué modalidades de representación eran adecuadas para ellos. En 1638, Cornelis vanden Plasse, editor de las obras completas del poeta cómico Gerbrand Adriaensz Bredero, enumera los asuntos cómicos clásicos: “Las comedias saltaban alegremente a escena con las gentes más humildes, la escoria de la sociedad, pastores, campesinos, trabajadores, mesoneros y mesoneras, alcahuetas, putas, comadronas, marineros, manirrotos, vagabundos y gorrones: en campos y bosques, en chozas y tiendas, posadas y tabernas, en las calles y callejones, en los suburbios, en el mercado de la carne y en el del pescado”. Junto con burgueses, médicos, gentes de leyes y avaros, son un catálogo de pinturas de la época. Repetían la idea aristotélica de que el poeta cómico representa a la gente tal como es, o peor de lo que es. Esa descripción realista del comportamiento humano obligaba a tratar cuestiones corporales aunque va refinándose en el XVII y limpiando textos e imágenes.

En los chistes pintados la información era fácilmente comprensible para todos:

-ropa del médico obsoleta: incompetencia. Habitual en los bobos de las obras de teatro.

-arenque/cebollas: símil jocoso de la sanación.

-atuendo bufón: gorro con aberturas en el ala.

-Lavativa: jodienda.

Conjetura: el placer y la risa sirven para aprender mejor las verdades importantes, que  proporcionan un alivio divertido y necesario a la mente dedicada al estudio, que llenan el tiempo vacío y alejan el sueño. Como la música y el vino, solía aducirse que la risa de las diversiones cómicas era un remedio eficaz contra la melancolía.

La comedora de ostras: advertencia al espectador: “ten cuidado”. Ostras afrodisíacas. Pimienta: picante. Sal: Una falsa idea popular era que la sal servía para atrapar pájaros, y el pájaro era por entonces una metáfora de los genitales masculinos y de su dueño. Pero la forma en que la muchacha maneja la sal promete otros placeres más refinados. “No hay que olvidar la sal” significa, en el saber popular del XVII, que ella es virgen. Y sin embargo su forma de mirar y lo que hace sugieren otra cosa. En la teoría literaria, y especialmente en la del epigrama, la sal era una metáfora de lo punzante, lo inesperado e ingenioso. Constantijn Huygens, maestro del puntdicht o epigrama mordaz, y uno de los más altos funcionarios del país, escribió:

“El poema rápido y salado divierte al hombre avisado

Pero para el paladar del común no es alimento adecuado;

Salad lo que decís, que al plato salado no alcanza el patán;

Ni en cien lectores hallaréis uno que comprenda la sal de verdad”.

Em salto la Hilaridad parlamentaria en la

Asamblea Constitucional Francesa (1789-91)

El humor en la esfera pública en la Alemania del siglo XIX por Mary Lee Townsend

La censura reprime pero se escurre entre el humor y la sátira en los periodos anteriores a las revoluciones europeas de mitades del XIX así como en los albores de la caída del muro de Berlín, 1989 en las sociedades donde hay un enorme cambio social caracterizado por la industrialización, la urbanización y la movilidad social. En Alemania aparece el Berliner Witz que mezcla caricatura y arte, cultura popular y académica. Se hace uso de texto e imágenes. Algunos inciden en que el humor acalla las masas y distrae y disipa, con lo que es beneficioso para el Estado.

El humor hace partícipe al individuo en el grupo y es un elemento integrador y definidor de un tipo de sociedad.

Nante Eckensteher, Fernando “apoyado en la esquina”, robusto y descarado representante de la clase baja. Demuestra el crucial papel que representó el humor en la creación de una esfera pública en la Europa central.

Nante en la calle Grub

La comercialización del humor. No hay tranquilidad después de 1789 en las monarquías europeas y en el Congreso de Viena de 1815 se intenta volver al antiguo régimen. En Alemania desemboca en los Decretos de Carlsbad de 1819, rigurosas leyes para suprimir cualquier forma de oposición política. La censura se agudiza y del humor se extraen muchas críticas presentadas inocentemente. Nace el humor popular comercial en variedad de formatos y muy popular en sus vertientes dialectales. La alfabetización contribuye a la lectura de estas sátiras; el ferrocarril ayuda a la difusión y las innovaciones tecnológicas las hacen llegar a más gente. Se popularizan en los estratos sociales más bajos y pasaban de mano en mano. Aparece la figura del censor. Nante pasa a encarnar a todo el Volk alemán dando forma a las esperanzas, temores y fantasías de la burguesía en torno al “vulgo corriente”.

El Eckensteher en la realidad y en la ficción

Nace como personaje secundario en una obra de teatro local. El actor aporta sus matices y lo enriquece. El personaje se hace popular y hay disputas de paternidad. Se puede traducir como holgazán que espera por las esquinas a ver si encuentra algún trabajo. En los años 30 del XVIII muchos había así y la policía cerró el registro de Eckensteher y prohibió holgazanear en las calles aunque seguía vivo en el teatro, las caricaturas y la literatura satírica.

Nante: quién ríe el último

Su humor consistía en cháchara insustancial, juegos infantiles de palabras y chistes inofensivos. Un Eckensteher escribe un tratado de “viel-o-sauf-ische”, palabra que combina “filosofía” y (literalmente) “mucha bebida”, y se gana así el título de “Doctor en Sentido Común”. Desahoga sus problemas con asuntos universales:

“Dentro de cien años la inventarán (mujer hecha de goma). Siempre será sumisa, aunque el marido sea irritable”.

Nante y su hijo son empujados por una joven en la muchedumbre: “Oiga, está usted demostrando ser muy enérgica. ¿No será hija del líder parisino George Sand, que ignora usted su naturaleza femenina?”.

El tema más extendido fue el alcohol y constantemente se le representa en tabernas o embriagado, reflejando a los que ocupaban las horas con licor de patata. El borracho es cómico pero despierta compasión. Nante es perezoso y falso. La indigencia se multiplica en Prusia.

Humor, risa y trabajo de campo: apuntes desde la antropología por Henk Driessen

El humor es divertido y serio y nos hace entender el pensamiento de una cultura determinada.

El análisis antropológico del humor

Importancia de la contextualización. El análisis más sistemático es de los 80 por Mary Douglas, “Control social de la cognición: algunos factores de la percepción del chiste”.

Otro el de Christie Davies sobre el humor étnico.

Artículo de Horace Miner sobre los rituales corporales Sonacirema (exotizar)

La risa sin chiste para deshacer la tensión ya que la risa hace soportable lo insoportable. Hay que saber descifrar el sentido del humor para desenvolverse en una cultura extraña.

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