01 Jul

Una historia cultural del humor (I)

BREMMER, J., ROODENBURG, H.: Una historia cultural del humor.

Textos de Peter Burke; Aaron Gurevich; Jacques Le Goff. Ediciones Sequitur 9788495363015

“Los historiadores empezaron a interesarse por el humor cuando, no hace mucho tiempo, comprendieron que podía ser una clave con la que desentrañar los códigos culturales y las sensibilidades del pasado”[1].

Introducción: humor e historia. Bremmer y Roodenburg

“Entendemos por humor cualquier mensaje –se transmita por el gesto, la palabra hablada o escrita, la imagen o la música- que se proponga provocar la risa o la sonrisa”[2].

“La noción de “humor” es, en rigor, relativamente nueva. Su aceptación moderna queda recogida por vex primera en 1682 en Inglaterra. Hasta entonces la palabra se refería al ánimo mental, al temperamento. La conocida obra de Lord Shaftesburty, Sensus communis: an essay on the freedom of wit and humour (1709)”[3].

“Aunque el humor pretenda incitar la risa, no toda la risa viene provocada por el humor. La risa puede, por ejemplo, ser amenazadora; los etólogos han señalado que la risa surgió acompañando la mueca desafiante que muestra los dientes. (…) aún no se ha logrado inferir coherencia alguna entre los distintos conceptos, términos y usos de la risa (…) los estudiosos lo han intentado (…) pero todos han cometido la misma equivocación: partir de la premisa implícita de que existe algo semejante a una “ontología del humor”, que el humor y la risa son transculturales y a-históricos cuando se trata, en realidad, de fenómenos culturalmente determinados (…) Hasta ahora, la investigación académica en torno al humor ha venido centrándose en la literatura y en la tradición oral (…) Los estudios más destacados son aquellos que establecen relaciones entre los contenidos de los textos humorísticos y las distintas tradiciones literarias (…) pero no alcanzan a relacionar con claridad esos textos con los grupos y culturas que los usaron (…) Los autores de este libro se proponen hacer un análisis más amplio. El humor sirve aquí para acercarse a la comprensión de distintas culturas, de la religión o de distintos grupos profesionales.”[4]

“Debemos a Cicerón el análisis sistemático del humor más antiguo de que disponemos; el segundo en antigüedad, escrito un siglo después por Quintiliano, sigue muchos de sus planteamientos (…) El tratado de Cicerón tuvo vigencia durante el Renacimiento. En 1528 Castiglione retomó, en su Libro del cortegiano, sus planteamientos”[5]

“Por causa de una fuentes predominantemente masculinas no tenemos apenas constancia del humor entre las mujeres a lo largo de la Edad Media” (…) El humor se ha solido asociar con las clases bajas y la cultura popular (…) Estudios recientes han demostrado que gran parte del material humorístico era conocido y, plenamente celebrado, por la clase alta”[6].

“Conviene, no obstante, tener presente que la atención que este libro presta al humor de la élite se debe al sesgo de unas fuentes que no suelen ser obra de los estratos inferiores de la sociedad (…) Erasmo en su Eclesiastés de 1535 sostiene que el buen predicador debía evitar costumbres tales como hacer muecas o gesticular como los bufones, reiterando lo dicho por Cicerón (…) Concluiremos con tres observaciones sobre la evolución del humor a lo largo de la historia: Primero, va cambiando el discurso dominante en función de las épocas. Si en la Antigüedad son los retóricos y filósofos los que marcan la pauta, en la Edad Media serán los monjes y los teólogos los que fijen unas normas que perdurarán. En las regiones reformadas serán los manuales de urbanismo y los escritos de algunos ensayistas. En épocas más recientes los psicólogos y los sociólogos han tomado la delantera; segundo, hay una continua renovación entre los hacedores de humor. En Grecia y Roma el humor comedido se convirtió en patrimonio de la élite social mientras que los bufones y los mimos iban perdiendo reconocimiento oficial. En la Edad Media el bufón se asimila a los cómicos, juglares y mimos; sólo el bufón de la corte logra algún reconocimiento social. Después de la Edad Media se extiende la costumbre de contar chistes. Más adelante aparecen el payaso, el comediante y el escritor satírico siendo todavía un proceso pendiente de estudio; tercero, sobre cómo ha cambiado el humor a lo largo de los siglos”.

“Burke se refiere a la “desintegración” desde finales del XVI del humor tradicional: los ámbitos, motivos y lugares de lo cómico se fueron estrechando; por otro lado, el clero, las damas y los caballeros dejaron de participar en determinado tipo de humor, al menos en público”[7]

[1] Pg.1 del prólogo

[2] Pg.1

[3] Pg.1

[4] Pg.3

[5] Pg.4

[6] Pg.5

[7] Pg.7

Siguiente. Una historia cultural del humor (II)

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