09 Gen

Sobre narración, imagen y aprendizaje: acuerdos y desacuerdos

Ayer leía un post muy interesante de Javier Martínez sobre la importancia de la narración de historias como medio para compartir conocimiento. Sin embargo, -en mi humilde opinión-, encuentro una contradicción en el texto que quisiera transmitirle al autor. Iré desgranando el texto introduciendo acuerdos y desacuerdos.

ACUERDOS

Empieza Javier con un precioso proverbio de los Indios Hopi que dice: “Aquel que cuenta historias, dominará el mundo“. Acto seguido, introduce la película Invictus, –basada en la novela El factor humano de John Carlin-, para ilustrar la “gestión de conocimiento” usada por Mandela al evitar una fuga de talento, o lo que es lo mismo, la pérdida de capital humano.

En otra historia similar, Javier propone un artículo sobre Steven Jobs y el arte de retener el conocimiento. Más adelante, plantea la cuestión sobre qué entendemos por gestión del conocimiento. La verdad es que me parece un tema fascinante con el que estoy completamente de acuerdo con Javier: Yo creo enormemente en la buena gestión del conocimiento porque como ya apuntó Einstein: “Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas“.

Admitir la propia ignorancia es lo que mueve el mundo, es lo que llevó a descubrir continentes y galaxias, es lo que genera lo que llamamos progreso. Y progresar en el conocimiento es conocer a los que conocen. Desde el principio de los tiempos la información es poder y no creo que eso cambie. Lo que sí está cambiando es la manera de entender el conocimiento y su naturaleza. 

Sobre el poder del conocimiento:

En el Oráculo de Delfos dicen que había una inscripción que decía: “Conócete a ti mismo“; en La Academia de Platón no se dejaba entrar a los que no sabían de geometría; Mateo 7:6 advierte de no echar margaritas a los cerdos y así fue durante la era antigua, medieval y moderna, donde el conocimiento se guardó en los centros de poder, mayormente en conventos y universidades; en 1504, conocer el día de un eclipse salvaba la vida de Colón y de su tripulación.

El conocimiento es útil pero es justamente esa conciencia de utilidad la que lo ha hecho caer en según qué manos. Dios advirtió a Adánpero cuando el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal cayó en manos de Adán y Eva, estos fueron expulsados del Paraíso. La Iglesia es jerárquica y no admite discusión: ese pecado tan original debió tener por fruto el pensamiento crítico…Otra cosa que me parece curiosa respecto al uso del conocimiento en La Bíblia es que “conocer” es usado como “tener relaciones sexuales”. Dice el Génesis 4:1: “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz” href=”http://www.bibliaonline.net/acervo/1968/es-AR” target=”_blank”>a Caín…

Si bien la Europa católica traducía La Bíblia en lenguas vernáculas para que los sacerdotes pudieran dar las misas en el lenguaje “vulgar” y no en latín -porqué los feligreses no se enteraban de la misa la mitad-, los protestantes abordaron el tema de otra forma: la tradujeron para que los feligreses la leyeran por su cuenta. Y así fue como se introdujo la alfabetización en los países de tendencia protestante. Los unos hicieron uso del aprendizaje pasivo y los otros, del activo. En la época de la Ilustración se hizo un avance: las escuelas, pero aunque la idea estaba bien, -crear centros de enseñanza-, se tomó un jerárquico modelo de educación. La industrialización de las aulas ha sido contraproducente porque no tiene en cuenta el sujeto sino el objeto de la materia: se evalúa y se cataloga. Pero somos tod@s tan divers@s que ese sistema de fabricación homogénea de estudiantes no se ajusta al potencial de cada uno de los individuos. Ni el conocimiento es lineal ni lo es la vida. Tenemos un modelo de jerarquía vertical obsoleto: yo soy más de jerarquía horizontal y gamificación ;)Creo que el máximo desafío que tenemos como sociedad es el desarrollo de un sistema de pensamiento crítico y de un modelo de aprendizaje adecuado. Y así, gestionaremos bien el conocimiento y evitaremos las fugas de talento.

Sobre la esencia de la narrativa y el aprendizaje:

Estoy de acuerdo con Javier en que tenemos una memoria de pez y que no estamos hechos para los números, y creo que es por eso que no paramos de inventar dispositivos: hace 10 años sabía de memoria, al menos, 10 números de teléfono. Hoy día casi no me sé ni el mío…como no me llamo nunca…pero también hoy tenemos más acceso a la información que hace 10 años: hoy es totalmente viable ser autodidacta, hace 10 años era un camino tortuoso…

Tenemos agendas, móviles y otros dispositivos que nos ayudan a almacenar los datos que, la mayoría de los mortales, no podemos retener. Pero sí recordamos historias, mitos y leyendas quizás porqué somos seres narrativos y nos alimentamos de esas historias. Nuestras narraciones están impregnadas de la experiencia de “el otro”, con quien uno se puede identificar. Incluso una fábula, -aunque protagonizada por animales-, adoctrina amablemente a las personas porqué antropomorfizamos todo para entender algo.

En nuestro universo solo hay tres cosas: la naturaleza, el yo y el otro. Lo único que hacemos contando historias es intentar explicar el mundo que nos rodea y nuestra posición en él. Y si alguien quiere leer algo realmente práctico al respecto, que lea El arte de la guerra. Menos mal que ya han pasado 2500 años y es de dominio público porqué el texto sigue siendo de rabiosa actualidad.

DESACUERDOS

Dice luego Javier: “Las historias son una manera muy poderosa de aprender, pero son sistemáticamente ignoradas como herramienta de aprendizaje y comunicación en el ámbito de las organizaciones. Las personas se comunican mediante el lenguaje y la forma más habitual es hacerlo mediante historias.” Para ilustrarlo, propone Javier dos estudios: uno sobre lo que los niños aprenden al escuchar historias de familia y el otro, sobre la capacidad de las telenovelas de cambiar el comportamiento de las personas.

Pero más tarde añade:¿Significa esto que es posible aprender viendo una película en el cine o en la televisión? No. El cine está pensado para el entretenimiento y la diversión. La televisión puede proveer contenidos, pero no es una herramienta para aprender por razones obvias: si quieres que alguien aprenda, no puede ser espectador, sino protagonista. No puede observar una situación que les pasa a otros desde “fuera”, pasivamente, sino que debe estar “dentro” y las cosas le deben pasar a él. Para aprender tienes que hacer, no basta con mirar, leer o escuchar.

Imagen y aprendizaje pasivo: el poder de la narrativa audiovisual

Creo que es aquí donde Javier entra en contradicción: ¿si las telenovelas pueden cambiar el comportamiento de las personas, por qué las películas de cine o la televisión no pueden ser fuentes de aprendizaje? Según Javier, porqué no se aprende siendo espectador sino protagonista. Porqué se aprende “haciendo” y no mirando.
Y aquí el quid de la cuestión: >Si nos fijamos en los ejemplos anteriores, los niños a quien se les cuentan cuentos solo escuchan (o oyen) las historias pero no son los “protagonistas activos” del cuento como tampoco lo son los espectadores de una telenovela. Sin embargo, unos y otros se identifican con los protagonistas, siempre y cuando, -claro está-, haya pacto de credulidad o suspensión de la incredulidad.

Por ello, quizás deberíamos distinguir entre aprendizaje pasivo y aprendizaje activo.

Un ejemplo elemental de aprendizaje pasivo es el bonobo Kanzi, que aprendió sin querer. Lo explica muy bien el libro “La història més bonica del llenguatge“. También explica el libro que las neuronas espejo, descubiertas por Giacomo Rizzolatti en los años 80, son particularmente abundantes en simios y humanos. Se las llama “espejo” porqué se activan por igual, tanto si realizamos una tarea como si solo miramos cómo alguien la realiza. Y de aquí que la sabiduría popular diga que “mirando, se aprende”.

Cierto es que hay diferentes tipos y niveles de aprendizaje y quizás sea la persistencia en el tiempo el que acaba cambiando ciertos comportamientos a base de repetir patrones. Una película dura una hora o dos, pero una serie es constante y, con suerte, dura años. La serie más larga del mundo duró 72 años mutando de la radio al cine, generación tras generación. Los espectadores de esa telenovela quizás deberían ser objeto de estudio; quizás deberíamos serlo todos los espectadores del mundo. (Disney ha hecho mucho daño…) Una telenovela o un cuento tradicional tienen normalmente un formato de larga duración en el que entran en juego memoria y tiempo, y ya ilustraba Dalí las conexiones entre estas dos entidades en 1931, con su cuadro La persistencia de la memoria.

Sin duda la información se digiere mejor a través de una buena historia, pero las historias son concebidas en nuestro cerebro en forma de imágenes emocionales. Narramos porqué el lenguaje nos permite expresarnos y comunicarnos en una estructura de pensamiento simbólico complejo, pero “imaginación” viene de “imagen” y hasta soñamos con imágenes en movimiento. Cuando nos cuentan una historia nos imaginamos los personajes (y sus atributos, es decir, objetos) y cuando la transmitimos, reconvertimos ese imaginario tan buenamente como podemos: en palabras, imágenes o sonidos; con comas, puntos y exclamaciones.

Nuestro imaginario está configurado por arquetipos, nuestras historias tienen protagonistas, antagonistas y princesas; y los protagonistas pasan siempre por tres etapas: la partida, la iniciación y el retorno. La simbología de nuestro orden imaginario impregna sus historias con símbolos, representaciones iconográficas identificables en su contexto: los héroes llevan espadas y escudos, las princesas son hermosas damas vestidas elegantemente, los antagonistas conforman el lado oscuro de la tradición dualista y su iconografía está ligada al mal, a la muerte: una calavera, el infierno.

Nuestros cuentos están tejidos con símbolos y emociones quizás porqué necesitamos concretar y sintetizar la información. Es por ello que se dice que “una imagen vale más que mil palabras”. Aunque yo no creo que sea así: para ser entendida, una imagen hay que contextualizarla porqué puede ser tergiversada por las palabras o, simplemente, carecer de significado en un contexto concreto. Un buen ejemplo de ello es el ancestral símbolo de la esvástica que, desgraciadamente, asociamos al nazismo: el discurso de Hitler, claro está, no era el mismo que el de los hinduistas…Las imágenes son importantes pero también lo es el contexto del discurso que las acompaña y las dota de significado.

Cierto que el cine está concebido para entretener y divertir pero también es cierto que cada película es fruto de su tiempo. Las películas crean tendencia e influyen en los comportamientos sociales. En moda, por ejemplo, si llamamos Rebeca a la rebeca -valga la redundancia-, es gracias a Alfred Hitchcock y Joan Fontaine; si los fabricantes de camisetas interiores demandaron a Columbia Pictures fue por culpa de Frank Capra i Clark Gable.

Más allá de la moda están los miedos y cada época también tiene los suyos. La historia de la cultura del miedo puede ser fácilmente leída en las imágenes e historias de las películas de ciencia-ficción y de cine fantástico que, en numerosas ocasiones, vampirizan la literatura y, a veces, -si se me permite la expresión-, paren bastardos irreconocibles. En los años 50 del siglo XX hubo un auge de películas sobre extraterrestres puede ser por dos causas: la primera es el acontecimiento de Roswell y la segunda, la Guerra Fría: fue fácil el cóctel y, “los rojos”, en los 50, vienen de Marte, -el planeta rojo- que, a su vez, se identifica con la URSS. Los marcianos que atentan contra el sueño americano son los rusos.

Nunca se encuentra la verdad de frente y la historia siempre es más amena y divertida leída desde el cine, desde la literatura y la pintura; desde la historia del amor, del miedo, de la gastronomía y del humor. En definitiva, desde el mundo de las emociones y deseos humanos reconocibles en multitud de disciplinas artísticas.

Todas las artes nos hablan de su época y de sus limitaciones técnicas o morales; hablan del miedo, del deseo, de la felicidad y de la muerte, pero cada una habla desde la perspectiva de su época: el cine es historia como lo es la televisión porqué hemos crecido con historias independientemente del formato: oral, escrito, audiovisual o transmedia (y lo que esté por venir).

En conclusión, coincido con Javier en que la narración de historias es un vehículo fundamental para compartir conocimiento pero, por otro lado, lamento que no tome en cuenta la narrativa audiovisual como herramienta de aprendizaje. 

Gracias Javier por el artículo. Me encanta reflexionar sobre estos temas.

rita :)

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *