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La conquista de la felicidad por Bertrand Russell

La conquista de la felicidad (B. Russell, 1930) DeBolsillo

Fernando Savater:

“Parafraseando a Tolstói, deberíamos atrevernos a afirmar que los siglos felices no pertenecen a la historia pero cada una de las centurias desdichadas que conocemos ha tenido su propia forma de infelicidad…”

“El aburrimiento siempre ha sido la verdadera maldición de la humanidad, de la que provienen la mayor parte de nuestras fechorías (…). Hoy nos aburrimos menos que nuestros antepasados, pero tenemos más miedo de aburrirnos”.

“Nunca ha estado del todo claro si el secreto de la felicidad consiste en no ser completamente imbécil o en serlo. Bertrand Russell opta decididamente por la primera alternativa”.

Walt Whitman:

“Creo que podría transformarme y vivir con los animales. ¡Son tan apacibles y dueños de sí mismos! (…). No sudan ni se quejan de su suerte, no se pasan la noche en vela, llorando por sus pecados (…). Ninguno está insatisfecho, a ninguno le enloquece la manía de poseer cosas (…). Ninguno es respetable ni desgraciado en todo el ancho mundo”.

Bertrand Russell, (1930):

“Los animales son felices mientras tengan salud y suficiente comida. Los seres humanos, piensa uno, deberían serlo, pero en el mundo moderno no lo son, al menos en la gran mayoría de los casos. Si es usted desdichado, probablemente estará dispuesto a admitir que en esto su situación no es excepcional. Si es usted feliz, pregúntese cuántos de sus amigos lo son. Y cuando haya pasado revista a sus amigos, aprenda a leer rostros; hágase receptivo a los estados de ánimo de las personas con que se encuentra a lo largo de un día normal. Aunque de tipos muy diferentes, encontrará usted infelicidad en todas partes”.

“Creo que esta infelicidad se debe en muy gran medida a conceptos del mundo erróneos, a éticas erróneas, a hábitos de vida erróneos, que conducen a la destrucción de ese entusiasmo natural, ese apetito de cosas posibles del que depende toda felicidad…”.

“Yo no nací feliz. A los cinco años se me ocurrió pensar que, si vivía hasta los setenta, hasta entonces solo había soportado una catorceava parte de mi vida, y los largos años de aburrimiento que aún tenía por delante me parecieron casi insoportables. En la adolescencia, odiaba la vida y estaba continuamente al borde del suicidio. Ahora, por el contrario, disfruto de la vida; casi podría decir que cada año que pasa la disfruto más. Principalmente se debe a que me preocupo menos por mí mismo”.

“El sabio será todo lo feliz que permitan las circunstancias, y si la contemplación del universo le resulta insoportablemente dolorosa, contemplará otra cosa en su lugar”.

“El aburrimiento como factor de la conducta humana ha recibido, en mi opinión, mucha menos atención de la que merece. Estoy convencido de que ha sido una de las grandes fuerzas motrices durante toda la época histórica, y en la actualidad lo es más que nunca. El aburrimiento parece ser una emoción característicamente humana. Es cierto que los animales en cautividad se vuelven diferentes, pasean de un lado a otro y bostezan, pero en su estado natural no creo que experimenten nada parecido al aburrimiento”.

“El aburrimiento es básicamente un deseo frustrado de que ocurra algo, no necesariamente agradable, sino tan solo algo que permita a la víctima del ennui (aburrimiento en francés) distinguir un día de otro. En una palabra: lo contrario del aburrimiento no es el placer, sino la excitación”.

“Las preocupaciones se pueden evitar con una mejor filosofía de la vida y con un poco más de disciplina mental (…). El sabio solo piensa en sus problemas cuando tiene algún sentido hacerlo; el resto del tiempo piensa en otras cosas o, si es de noche, no piensa en nada”.

“No hay nada tan agotador como la indecisión, ni nada tan estéril”.

“Lo que hacemos no es tan importante como tendemos a suponer (…). Se puede sobrevivir incluso a las grandes penas; las aflicciones que parecía que iban a poner fin a la felicidad para toda la vida se desvanecen con el paso del tiempo hasta que resulta casi imposible recordar lo intensas que eran”.

“La mente es una extraña máquina capaz de combinar de las maneras más asombrosas los materiales que se le ofrecen”.

“Es típico de la condición humana estar más dispuesta a conceder su afecto a quienes menos lo solicitan”.

“Ninguno de nosotros va a estar mucho tiempo en este mundo, y cada uno, durante los pocos años que dure su vida, tiene que aprender todo lo que va a saber sobre este extraño planeta y su posición en el universo (…). El mundo está lleno de cosas, cosas trágicas o cómicas, heroicas, extravagantes o sorprendentes, y los que no encuentran interés en el espectáculo están renunciando a uno de los privilegios que nos ofrece la vida”.

“Uno de los defectos de la educación superior moderna es que se ha convertido en un puro entrenamiento para adquirir ciertas habilidades y cada vez se preocupa menos de ensanchar la mente y el corazón mediante el examen imparcial del mundo (…). Si yo tuviera poder para organizar la educación superior como creo que debería ser, procuraría que los jóvenes adquirieran viva conciencia del pasado, que se hicieran plenamente conscientes que el futuro que la humanidad será, casi con toda seguridad, incomparablemente más largo que su pasado, y que también adquirieran plena conciencia de lo minúsculo que es el planeta en que vivimos, y de que la vida en este planeta es solo un incidente pasajero (…), les presentaría la grandeza de que es capaz el individuo (…). Una persona que haya percibido lo que es la grandeza de alma, aunque sea temporal y brevemente, ya no puede ser feliz si se deja convertir en un ser mezquino, egoísta (…). La persona capaz de la grandeza del alma abrirá de par en par las ventanas de su mente, dejando que penetren libremente en ella los vientos de todas partes del universo. Se verá a sí mismo, verá la vida y verá el mundo con toda la verdad que nuestras limitaciones humanas permitan y seguirá siendo feliz en el fondo a pesar todas las vicisitudes de su vida exterior”.

“Lo que hay que hacer es no destruir el pensamiento, sino encauzarlo por nuevos canales, o al menos por canales alejados de la desgracia actual. Esto es difícil de hacer si hasta ese momento la vida se ha concentrado en unos pocos intereses, y esos poco están ahora sumergidos en la pena. Para soportar bien la desgracia cuando se presenta conviene haber cultivado en tiempos más felices cierta variedad de intereses, para que la mente pueda encontrar un refugio inalterado que les sugiera otras asociaciones y otras emociones diferentes de las que hacen insoportable el momento presente. Una persona con suficiente vitalidad y entusiasmo superará todas las desgracias, porque después de cada golpe manifestará un interés por la vida y el mundo que no puede estrecharse tanto como para que una pérdida resulte fatal”

“La preocupación, la impaciencia y la irritación son emociones que no sirven para nada”.

“La felicidad, esto es evidente, depende en parte de circunstancias externas y en parte de uno mismo (…). Cuando las circunstancias exteriores no son decididamente adversas, la felicidad debería estar al alcance de cualquiera (…). El hombre feliz se siente ciudadano del mundo y goza libremente del espectáculo que le ofrece y de las alegrías que le brinda, sin miedo a la idea de la muerte porque en realidad no se siente separado de los que vendrán detrás de él. Esta unión profunda e instintiva con la corriente de la vida es donde se encuentra la mayor dicha”.

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