14 Jul

“Horror Vacui”: Selectividad, Tesis y Oscar Wilde

Descubrí a Oscar Wilde gracias a la película “Tesis” (1996, Alejandro Amenábar). En la película Chema cuenta un cuento a Ángela que el director tituló “La princesa y el enano”, de O. Wilde. 
 
Era época de selectividad y estábamos en la biblioteca disimulando que estudiábamos…De pronto me acordé de la película y me volví loca buscando ese cuento: no lo encontraba. Busqué por autor y, al final, encontré en Oscar Wilde un sinfín de cuentos. Leí el primero: se titulaba “El príncipe feliz”. No había acabado de leer la primera página que me encontré llorando íntimamente en una biblioteca abarrotada. 
-¿Quién eres?
-Soy el príncipe feliz.
-Y si eres feliz, ¿por qué estás llorando?
 

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En ese mismo libro encontré a la princesa y al enano de Amenábar. Originalmente, el cuento se llama “El cumpleaños de la infanta” y habla de Margarita de María Teresa de Austria (Madrid, 1651-Viena, 1673), hija de Felipe IV y Mariana de Austria. 
 
En realidad, a Margarita la conoce todo el mundo sin saberlo: es la menina más menina de “Las Meninas” y dicen que es del cuadro de Velázquez del que se inspiró Wilde para componer el cuento. Margarita fue siempre un pelele instrumental de las monarquías imperantes: alguien a quien casar para generar alianzas matrimoniales estratégicas. Murió a los 21 años dando a luz a su cuarto hijo. 
 
Aquí mi homenaje a la historia de Wilde y a la de Amenábar. Especiales gracias a Tristian Goik por los dibujos animados. Es una triste historia: desdén, fealdad, desprecio, sueños rotos…Y quizás eso es lo que más me seduce de Wilde…La capacidad que tenía para transformar la belleza en fealdad y viceversa: un abismo filosófico donde el vacío del horror toma forma; un lugar donde los órdenes imaginarios no tienen cabida. 
 
-Ya no bailará más para vos, princesa…
 
                                

Dice Chema contando el cuento:

“Había una vez una princesa que vivía en un palacio muy grande. El día que cumplió trece años, le hicieron una gran fiesta con trapecistas, magos, payasos, pero la princesa se aburría. Entonces apareció un enano muy feo que brincaba y hacía piruetas en el aire.

”Sigue saltando, por favor” dijo la princesa, pero el enano ya no podía más. La princesa se puso triste y se largó a sus aposentos. El enano fue a buscarla, seguro de que ella se iría con él a vivir al bosque. ”Ella no es feliz aquí”, pensaba el enano. ”Yo la cuidaré y la haré reír siempre.” El enano, buscando la habitación de la princesa vio algo horrible en uno de los salones. Ante él había un monstruo con ojos torcidos y sanguinolentos, con las manos peludas y los pies enormes. El enano quiso morirse al darse cuenta de que era él mismo reflejado en un espejo. Entonces entró la princesa con su séquito. ”Ah, estás ahí, qué bien, por favor, baila otra vez para mí.” Pero el enano estaba tirado en el suelo y no se movía. El médico de la corte le tomó el pulso. Ya no bailará más para vos, princesa, le dijo. ¿Por qué?. Porqué se le ha roto el corazón. Y la princesa contestó: ”Desde ahora en adelante, que todos los que vengan a palacio, no tengan corazón.

Y… colorín, colorado… se nos están acabando las cerillas.”

 

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