23 febr.

Corbatas, palurdos y olor a naftalina

Esto es un sin vivir: qué país sin sentido, cuánto retrógrado palurdo calentando silla por doquier: vamos a mamarracho por corbata…Qué país de fachada, qué universo de hedionda naftalina. Qué vergüenza, qué gentuza…

En julio del 2011 un pleno del Congreso me dejaba patidifusa: qué circo, cuánto payaso. Resultó que un diputado fue al Congreso sin corbata para ahorrar energía “a la japonesa”. Qué exotismo el japonés, debió también pensar la Infanta mientras se ponía de sushi hasta las cejasOjalá pillaran ese exotismo por otro lado…el de la honestidad, por ejemplo. Más allá de la gastronomía y del vestir, en Japón tienen una tradición vinculada a un código ético. Además del sushi, tienen el bushi, la figura de “el caballero armado”, que no lleva corbata sino katana y cuyos principios son la justicia, el coraje, la benevolencia, el respeto, la honestidad, el honor y la lealtad. Dicen las tres últimas líneas de su credo: 

No tengo armadura, yo hago de la benevolencia mi armadura; no tengo castillo, yo hago de mi mente inamovible mi castillo; no tengo espada, yo hago de mi alma mi espada.”


Pero en el mediterráneo de pandereta suena el bushi y su credo a exotismo pintoresco, más por natural de nuestras gentes, más por tradición de pensamiento que por estricta lejanía. Y en el Congreso quizás se come también sushi pero no se habla de honestidad ni de política, sino de si ir encorbatado o no: prioridades de un gobierno de palurdos incompetentes…

Véanse las vergonzosas intervenciones, el hazmerreir de política del siglo XXI:

 
Esta mañana, casi tres años después de este vídeo, resucitaba de nuevo el dichoso temita de la corbata de la mano de Jaime Peñafiel que titulaba un artículo “La nueva imagen del hombre de hoy“: un artículo extrañamente contradictorio, un artículo de esos que se escribe con pasión cuando se chochea, cuando se remonta uno parcialmente a Manrique pensando que “Cualquiera tiempo pasado fue mejor“. Remóntese, señor mío, a cuando dice, unos versos más abajo, que “allí van los señoríos derechos a se acabar y consumir” porque “llegados son iguales los que viven por sus manos y los ricos“. No se preocupe, hombre de Dios, que sino le entierran con corbata, no creo yo que vaya usted a dar cuenta de ello…Simplemente, confiese sus pecados a su párroco de cabecera y sin duda, al finalizar el túnel, verá usted esperándole un paraíso con once mil corbatas nuevas a estrenar

El artículo de este señor Peñafiel tiene tanta pasión como sinrazón y, a mi parecer, este señor (y sin ánimo de ofender) me resulta una figura decrépita y decadente que, al parecer, ya no entiende el mundo en el que vive, un mundo cambiante del que él ya no parece querer formar parte…Y debe vivir, este señor, anclado en sus hazañas de otros tiempos; pintando de rosa, al parecer, sus naftalíticas corbatas. Nada personal, señor Peñafiel, representa usted un colectivo en peligro de extinción y, cuando uno tiene poco quehacer, se preocupa por nimieces… Con el debido respeto, señor, entiendo que se escandalice pero el mundo avanza imparable. Vaya usted -o el señor Bono- a Silicon Valley a explicarles a los chavalines que son unos indeseables por no llevar corbata.

Empieza el artículo Peñafiel diciendo que “el sin corbatismo se está imponiendo en todos los sectores sociales y profesionales“. Pues sí, señor Peñafiel…bienvenido al siglo XXI: y agárrese fuerte porque acecha la jerarquía horizontal: el desencorbatamiento total, el Armaguedón está a la vuelta de la esquina y los cuatro jinetes llevan ya días surcando los cielos. 

Y prosigue el buen hombre: “…de un tiempo a esta parte, se están imponiendo jóvenes como Sergio Martín y Jesús Ángel Cintora, los dos en la treintena, quienes ofrecen una nueva imagen de presentadores agresivos, aunque sonrientes como Jesús, de cabellos estilo punky y, por supuesto, desencorbatados (of course), pero con aspecto sano y limpio. Nada que ver con esos dos presentadores, por supuesto desencorbatados, descamisados y en deportivas, que tal parecen no lavarse ni peinarse ni afeitarse: Pablo Motos y Jordi Évole. El primero, como showman que es, pase. Pero Évole, un entrevistador de éxito, que recibe a presidentes, ministros y otras personalidades, ya podía presentarse lavado, peinado y afeitado y no con ese aspecto desaliñado de falso progre de izquierdas.”

Me perturban y chirrían tres cosas en este artículo. Lo primero es que mencione a Jesús…que imagino yo que, de predicar en el desierto, iría el hombre hecho un lastre…y que, aunque no llevaba corbata, la gente lo quería igual. Lo segundo es que se titule: “La nueva imagen del hombre de hoy” y se ponga, acto seguido, una foto del golpe de Estado de Tejero en el Congreso que reza en su pie: “Hoy hace 33 años de aquel vergonzoso golpe de Estado“. Pues vaya…¡qué cosas, señor Peñafiel!, va Tejero bien encorbatado…Pero quizás lo más preocupante del texto -que empieza con corbatas, sigue con el Golpe y acaba con un chismorreo-, es el hecho de su implícita falacia, donde llevar corbata es sinónimo de limpieza y decoro…No, señor Peñafiel: llevar corbata es llevar corbata. Y punto. Lo de la higiene lo dice usted por asociación, por prejuicio, por desfachatez, por desprecio.

Sepa usted que la corbata fue en su origen, -como la katana-, un complemento militar. Introducida por mercenarios croatas en el siglo XVII, en sus inicios, fue un pañuelo de cuello. Primero, -como Internet, el bolígrafo y leche condensada-, el ingenio se popularizó en el ejército y pasó luego al populacho…un populacho que empieza a no tenerlos por corbata, como Évole, un entrevistador que tiene ese éxito que usted dice justamente por acercarse más a la realidad de lo que lo hacen aquellos que sueñan con paraísos anacrónicos y se nutren de mieles y bacanales de bolsos y de trajes con corbatas

Como era de esperar, Évole le contestaba a Peñafiel: Y le prometo a Peñafiel que hoy me he duchado. Solo porque es domingo. Es lo que tiene ser falso progre. Lean, lean.” Y adjuntava el artículo de Peñafiel. 



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