13 Ago

Baudolino (I)

Baudolino. Umberto Eco (2000) DeBolsillo

Baudolino, en un asedio bárbaro a Constantinopla salva a Nicetas, orador de corte y juez bizantino y protege a este y a su familia. Baudolino le cuenta su historia con Constantinopla ardiendo de fondo.

Pg.36
-He salido del zaguán, he andado pegado a las paredes, hasta llegar al Hipódromo. Y allí he visto la belleza desflorecer y transformarse en algo pesado. Sabes, desde que he llegado a la ciudad, he ido de vez en cuando allá a contemplar la estatua de esa joven, la de los pies bien torneados, la de los brazos de nieve y los labios rojos, esa sonrisa, y esos senos, y la ropa y los cabellos danzando en el viento, que si la veías de lejos no podías creerte que fuera de bronce, porque parecía de carne viva…
-Es la estatua de Helena de Troya. Pero ¿qué ha pasado?
-En poquísimos segundos he visto doblarse la columna sobre la que se erguía como un árbol talado por su base; y por los suelos una gran polvareda. En trozos, allá el cuerpo, a pocos pasos de mí la cabeza, y entonces me he dado cuento de lo grande que era esa estatura. La cabeza no habría podido abrazarse con los dos brazos extendidos; y me estaba mirando fija y torcida, como una persona acostada, con la nariz horizontal y los labios verticales que, perdóname, me parecían los que tienen las mujeres en medio de las piernas.

Baudolino es un campesino con mucha imaginación y facilidad por las lenguas. Cuenta historias como verdaderas y consigue hasta rendir ciudades, con lo que el emperador Federico lo adopta en su corte como un hijo y un consejero leal. Lo encomienda al obispo Otón que escribe las gestas de Federico y a su canónigo Rahewin. Baudolino se enamora de Beatriz, la emperatriz. Se decide enviar a estudiar a Baudolino a Paris y Otón le encarga la continuación de las gestas de Federico.

Pg.88
-Lo bueno del studium es que aprendes, sí, de los maestros, pero aún más de los compañeros, sobre todo de los que son mayores que tú, cuando te cuentan lo que han leído, y descubres que el mundo debe de estar lleno de cosas maravillosas y que para conocerlas todas, visto que la vida no te bastará para recorrer toda la tierra, no te queda sino leer todos los libros.

Pg.99
-No es necesario haber estado en un sitio para saberlo todo sobre él; si no, los marineros serían más sabios que los teólogos.

También Otón le habla del Preste Juan y le anima a que invente su historia. En Paris conoce al Poeta que no sabe sino recitar textos de otros y a Abdul que vivía con su tío, canónigo de la abadía de San Víctor que poseía una gran biblioteca. Abdul canta a una princesa lejana que nunca ha conocido. El Poeta siente celos de su maestría. Baudolino pone el rostro de Beatriz a los cánticos. Baudolino promete escribir a Beatriz y le escribe a cerca de tierras lejanas extrañas. También empieza a escribir cartas de amor que contesta él mismo en nombre de su amada y los otros las toman por verdaderas.

Pg. 103-104
Por lo que, un día, enseñó el epistolario a los amigos. Fue vago y reticente sobre el cómo y el quién de aquel intercambio. No mintió, es más, dijo que aquellas cartas las enseñaba precisamente porque eran un parto de su fantasía. Pero los otros dos creyeron que precisamente y solo en ese cado mentía, y aún más envidiaban su suerte. Abdul atribuyó a su corazón las cartas a su princesa y se desvivía como si las hubiera recibido él. El Poeta, que ostentaba no dar importancia a ese juego literario (pero mientras tanto se reconcomía por no haber escrito él cartas tan bellas, induciendo respuestas aún más hermosas), al no tener a nadie de quien enamorarse, se enamoró de las cartas mismas; lo cual, comentaba sonriendo Nicetas, no era estupefaciente, porqué en la juventud uno es propenso a enamorarse del amor.

Feror ego veluti-sine nauta navis,
Ut per vias aeris-vaga fertur avis…
Quidquit Venus imperat-labor est suavis,
Quae nunquam in cordibus-habitat ignavis

Voy a la deriva como una nave sin auriga
Como por las vías del cielo el pájaro extiende su vuelo…
Obedecer a las órdenes de Venus, qué agradable fatiga,
Que en el corazón nunca de los viles habita.

Baudolino escribe poemas para el Poeta, que manda a la corte de Federico.
Abdul habla a Baudolino de un clérigo que conoce historias de tierras remotas, Boron.

Pg. 125-126
-Ya lo ves, señor Nicetas –dijo Baudolino-, cuando no era presa de las tentaciones de este mundo, dedicaba mis noches a imaginar otros mundos. Un poco con la ayuda del vino, y un poco con la de la miel verde. No hay nada mejor que imaginar otros mundos para olvidar lo doloroso que es el mundo en que vivimos. Todavía no había entendido que, imaginando otros mundos, se acaba por cambiar también este.

Baudolino vuelve a la corte, acusa a su padre adoptivo de crueldad y besa a la emperatriz. Federico le perdona y Baudolino se siente culpable de traición.

Federico arremete contra Milán y empiezan a destruir la ciudad. Baudolino encuentra a los reyes magos en una cripta y se lo dice a Reinaldo, el canciller del emperador. Deciden sacarlos, vestirlos como reyes.

Pg. 145
-Señor Jesús-se quejaba el Poeta-, ni siquiera borracho perdido he llegado a imaginarme nunca que habría podido metérsela a los Reyes Magos por detrás.
El Poeta emitía horribles blasfemias, y los Magos parecían ya cardenales de la santa y romana iglesia.

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